COMO ME CONVERTÍ EN IRONMAN

Por Borja Álvarez #cimaderetos.
Para poder explicar y poder especificar todo lo que significó y rodeó a mi primer ironman, creo necesario contar brevemente la trayectoria hasta llegar hasta la fecha señalada de mi primer ironman.
Cuando espezamos a planificar la temporada junto con Álvaro decidimos apostar por intentar realizar mi primer ironman, esto por allá de los meses de noviembre/diciembre de 2016, por aquel entonces no había realizado todavía ningún triatlón de ninguna distancia, pero, como con todo, las ganas y la ilusión me pueden. Sabíamos que tendría que ser a finales de la temporada de triatlón para intentar realizar una preparación lo mejor posible, pero como todo, no fue así y la planificación se fue truncando por diversos motivos
Evidentemente estaba muy verde (todavía creo que lo sigo estando), pero tenía muchas ganas y motivación, con ello nos lanzamos a unos entrenos muy duros, muy exigentes, a los cuales no estaba acostumbrado ni por asomo, gracias que tenía conmigo a Álvaro que a parte de exigirme, me tranquilizaba e intentaba no precipitar las cosas.
Durante 4 meses estuvimos entrenando a full, hasta el que iba a ser mi primer triatlón, como todo lo que solemos hacer, una locura, porque el elegido era el half de Sevilla. Tengo que decir que me sentía preparado, y sabía que lo podía sacar, pero la presión pudo conmigo, fue un golpe duro, pero me repuse de ello, aprendiendo de mis grandes compañeros de equipo.
Después de volver de Sevilla, tuvimos que hacer un gran trabajo mental, más que físico, para poder superar algunos bloqueos que yo mismo me producía, y consideramos que la mejor opción sería ir paso a paso, pero el siguiente triatlón, distancia sprint, también se me truncó, por los mismos motivos que en Sevilla, ese bloqueo que sufría en el agua, que no me dejaba respirar. Muchísima decepción y rabia por aquel entonces.
Decidí centrarme en entrenar y entrenar y para mala suerte llegó el percance de Álvaro que me hizo entrenar “solo” durante algo más de 3 meses (me encanta entrenar y competir, pero más me encanta entrenar y competir con un hermano, aparte de entrenador). Fueron meses duros…
Cuando iba llegando el fin de la recuperacion de Álvaro, ya a mitades de agosto, decidimos que había que hacer el aún más difícil, es decir, hacer 4 pruebas en algo menos de dos meses hasta llegar al IBERICMAN.
Para no extenderme, las competiciones elegidas fueron el triatlon sprint de Posadas, el triatlon olímpico de Valencia y el Half triatlon de Málaga, todos ellos con sus historias, como siempre nos pasa a los dos, pero superados con buena nota y cada vez con más confianza, y sobre todo, cogiendo las distancias y la manera de saber sufrir para poder completarlas.
Una vez completadas las pruebas previas, llegaba el turno y la hora del gran objetivo del año, el triatlón distancia IRONMAN de Portugal, el IBERICMAN. Sabíamos que llegábamos muy justos de entremos, pero lo suplíamos con motivación, llegó la hora de enfrentarnos al reto.
Llegado el momento del ironman, sin apenas descanso, elegimos irnos el jueves noche para llegar por la noche al hotel y así ya descansar en Portugal. Para mí significó uno de los mejores viajes de mi vida, pero uno de los más problemáticos y caóticos.
El viernes, el día antes de la prueba, había que preparar todo el material de la prueba y sobre todo la bici, que se dejaba ese día por la tarde. Todo iba bien, hasta que comprobé que las calas que, iluso e inexperto de mi, cambie unos días antes no eran las correctas para el pedal, de ahí en adelante se precipitaron las cosas, no lo podía creer, sé que era un fallo de novato, pero es que desconocía y desconozco todavía muchas cosas, y una de ellas era esa. Lo intentamos de todas las maneras, pero no eran las correctas y no había manera, por lo que corriendo tuvimos que ir a un centro comercial cercano a buscar unas calas, arriesgándonos a comprarlas pero sin saber si valdrían.
No era la mejor manera de pasar la noche anterior al ironman, los nervios estaban a flor de piel, tanto para mí, como para Álvaro (se las hice pasar canutas lo reconozco), y así nos acostamos sin saber si valdrían las calas o no…
Sin apenas dormir por los nervios fuimos a dejar la bolsa de la T1 y al comprobar las calas comprobamos que tampoco valían, me vino la desesperacion, y ninguno sabíamos qué hacer, a falta de 1 hora para empezar… Era imposible hacer 180 km en bici sin poder encalar, y muy arriesgado, pero decidí ponerme el neopreno e ir viendo cómo se desarrollaban los acontecimientos.
La verdad es que todo esa mañana fue una locura, ya que 10 minutos antes de empezar a nadar estábamos en la T1 hablando con la organización por si me podían conseguir unas calas o unas zapatillas (algo imposible) y 1 minuto antes seguía en la línea de salida de la natación hablando con ellos, no pudieron hacer nada, pero les agradezco que por lo menos me escucharan
De esa forma tomamos la salida del IRONMAN, pensando más en cómo haría la bici que centrarme en nadar. La verdad es que la natación se me dio bien, en los tiempos exactos que tenía calculados y, sobre todo, de menos a más, acabando con mucha fuerza y sabiendo que el tiempo que emplee de 1 hora y 20 minutos lo podría haber bajado, pero esos ritmos son en los que me sentía cómodo. Natación cómoda de dos vueltas de 1’9km cada una, pero a la ida daba el sol de cara y apenas se veían las boyas, lo que dificultó la orientación, pero por lo demás bien.
Llegaba la hora de la T1 y de cómo haría el sector de la bici, pero no lo pensé mucho, me cambie, me puse el mono de Lobobike (una maravilla) y decidí ir viendo cómo iba sin encalar 180 km… Empecé con mucha tranquilidad y comprobé que podía sujetar un poco en la puntera, por lo que punteaba continuamente para tener algo más de agarre y no se me moviesen muchos los pies en los pedales.
Si antes de todos estos problemas, el sector de la bici era al que más respeto tenía, con esos problemas le tuve que echar aún más ganas. La bici fue muy dura, con un constante sube y baja, sobre todo subida, no paramos de subir durante unos 110 km, pero lleve un buen ritmo, controlando los tiempos y sabiendo que si seguía así, entraba en los tiempos de la T2, aunque no pensaba mucho en ellos. Fueron pasando los kilómetros, teniendo mucho cuidado sobre todo el suelo portugués, ya que era abierto al tráfico.
Llegamos al kilómetro 84, el avituallamiento más grande, que lo tenía marcado, para poder parar y recuperar fuerzas, por ahora no tenía problemas con no poder encalar, pero sabía que no podía ejercer la misma fuerza que llevando bien las calas, perdía fuerza y en las bajadas tenía cuidado para que no se me fuesen los pies.
Una vez pasado el avituallamiento, continuamos con vistas al km 100/110 que era cuando entrábamos en España, y porque ya quedaba menos de subidas, pero justamente en la pronunciada bajada antes de la subida de entrada en España, había un badén, que había que pasar a mucha velocidad, intente frenar, pero al pasar por el badén, se me fue la bici, intente enderezarla, pero al no llevar las calas, el pie izquierdo se me soltó de lo poco que llevaba de sujeción y me caí de la bici a gran velocidad.
Cuando me caí, me levante rápido y lo único en lo que pensaba era en que la bici estuviese bien, cosa que comprobé rápido y tuve suerte de que así era, pero el que no se encontraba bien era yo… Al intentar salir de nuevo rápido me empezaron muchos mareos y decidí tumbarme, y comprobar que estuviese bien, con lo que vi que tenía todo el lado izquierdo sangrando, hombro, codo, muslo, rodilla y tobillo, por lo que me quede ahí hasta que vino la ambulancia de final de carrera, un golpe muy duro.
La dirección de carrera al verme me instó a que me retirase, pero esa opción no entraba en mi cabeza, les inste a curarme rápido y así poder seguir, pero estaba último, y sabía que los 30 minutos que había perdido con la caída, sería muy cuesta arriba, y dudaba que estuviese en tiempos. Una vez iniciada la marcha, decidí hacer un gran esfuerzo para, sobre todo, dejar de ser último, y así no tener más agobio y presión aún. A los pocos kilómetros conseguí adelantar a unos 3 competidores, pero en una rotonda sin señalización nos perdimos, y él tramos que supuestamente tenía que ser más cómodo y más de rodaje, se convirtió en más subidas. Nos indicaron por donde teníamos que ir y llegados al cruce para seguir por la carretera correcta mi cabeza empezó a flaquear y los dolores de la caída empezaron a ser más agudos aún, sobre todo las palmas de las manos que las tenía en carne viva y se me quedaban pegadas al manillar, pero en ese momento, llego a mi altura Álvaro, y eso me dio la vida, como siempre, Álvaro llega y está en los peores momentos, y a partir de ahí fuimos juntos los últimos 30 kilómetros
A la T2 llegamos fuera de tiempo, como me suponía, pero con todo lo que llevaba, anda que alguien me iba a decir que no siguiese, ya en ese momento la parte izquierda no podía apenas moverla por los golpes.
Quedaba la maratón, que sabía que era mi mejor sector, junto con la natación. En los primeros kilómetros había que pasar el puente de España a Portugal, pero al pasarnos el final de la carrera (estaban a 500 metros, no más), la guardia civil no nos permitía pasar corriendo por el puente, por lo que nos vimos en la obligación de hacer auto-stop para que alguien nos acercase esos 500 metros para entrar en la protección de ,a carrera, con la suerte que lo encontramos rápido y pudimos correr, haciendo un buen parcial de 25 kilómetros seguidos, solo parando en avituallamientos. Las últimas dos vueltas al circuito en el pueblo donde nadábamos, Montegordo, fueron muy muy duros, ya que alternaba correr con andar, pero los dolores eran muy agudos, por lo que volver a correr después de andar era un infierno. Gracias a dios que tenía a Álvaro conmigo en la carrera, sino no sé qué hubiese pasado, porque tiro de mí como nunca
En la última recta, me vinieron y aflorecieron todo lo pasado, todos los sentimientos reprimidos durante tantas horas, llegando a la meta no podía parar de pensar en todo el sufrimiento, en la caída, en las calas, en el caos del día anterior, en mi novia, en mi familia, y en gran parte en nuestro amigo David, que se que estaría muy orgullo de los dos, y con ello cruzamos la línea de metas juntos, pero aún así me costaba comprender todo lo que había sucedido en los que fue y siempre será MI PRIMER IRONMAN.