Believe: Sevilla 2018

Una de las marcas que siempre me ha rondado la cabeza es 3h30′ en maratón, siempre ha sido como la barrera. En 1999 me quedé en 3h30′ y en 2002 logré pasar, precisamente en Sevilla. Desde entonces por una u otra razón nunca lo he conseguido, 3h32′ en Roma, 3h36′ en Barcelona (ay si no hubiese sido por la rodilla ese año…… desde el 31 andando)….

Llegó un momento que bajar de 3h30′ pasó a ser algo imposible, algo que había borrado de mi mente. Más años, más kilos, menos tiempo, menos horas de sueño…..

En Noviembre pasado, después del Ironman y de Nueva York, con apenas unos días de descanso y tras comenzar una serie de cambios personales y de hábitos, después de empezar a afrontar algunas realidades, había llegado el momento de afrontar un “miedo” personal que tenía y que era regresar a Sevilla. Volver a Sevilla 16 años después implicaría ver cómo el tiempo y muchas otras cosas me han marcado, como habría “perdido” lo que fui. Ver la “decadencia”, el paso del tiempo.

Una vez decidido e inscrito, y con un cambio de alimentación en marcha empiezo a notar que, aún sin descanso después de los últimos meses de palizas, me siento fuerte. Empiezo a entrenar por pulso también, a controlar un poco, a salir más días de los que acostumbro, a hacer más kilómetros de los que acostumbro y lo mejor es que no me resiento (la espalda poco después de Sevilla 2002 me empezó a dar problemas y bajé los kms por semana, los días por semana). Para rematar empiezo con abdominales que hace años las tengo abandonadas.

El tiempo pasa, el volumen aumenta, las sensaciones inmejorables. Las pocas carreras que participo hago tiempos que hacía mucho no alcanzaba, y todo contando que he ganado peso con respecto a esa época que estaba mejor.

2 semanas antes tocaba la Media de Fuencarral, el test perfecto y así me lo tomo. Resultado en la línea de lo que iba ocurriendo, tiempo como hace años no hacía y teniendo que hacer una parada “técnica”.

Por momentos empiezo a creer que está vez si que puedo hacer 3:30, me da cosa solo pensarlo, pero me veo fuerte, como hace tiempo. Dos cosas que me hacían desconfiar, peso 80kg, estoy por encima de lo habitual, 8 más que en 2002, desde hace un tiempo no paro de subir, y que no hay tirada larga que no tenga que hacer paradas.

Para el tema de las “paradas” y consultando con Mario y Laura, probé la semana antes y viendo el resultado lo apliqué pero doble el día de la carrera. Si, es probablemente lo que estáis pensando, dos pastillas de Fortasec y asunto arreglado 😀 😀

Los días previos sigo las pautas que me marca mi nutricionista, que tiene parte de culpa del resultado. El sábado salida pronto a Sevilla, mañana en la Feria en el stand de Endeavor y comida con Carlos y Víctor, el comando Chicago.

Luego a descansar un rato. Cena con el comando, Manu, Paco y sus familias. Cena agradable, charleta para no pensar mucho y pedazo tarta para completar una preparación intensa y sacrificada, pura gasolina.

Antes de dormir a concretar por whatsapp con Víctor para quedar al día siguiente y hacer los preparativos típicos, seguir el ritual que seguro que muchos tenéis, cada uno el suyo, pero al final siempre hacemos lo mismo, cada uno con sus manías.

Una semana antes, mi mejor amigo de la infancia perdía a su hermano con el que también compartí muchas mañanas de domingo. Este maratón es para tí.

Y también un deseo

El despertador suena a las 5:30, 3h antes, lo mejor es no romper rutinas. Desayuno, vestirte e intentar descansar un poco más. Cuando llega la hora en marcha para pillar el cercanías e ir a la salida.

Una vez en el estadio todo empieza a ir rápido. Foto de familia con muchos amigos algunos que no veía hace mucho y otros con los que compartí Ironman. Patricia, compañera de esa Madrid-Segovia 2015 y que tanto me ayudó para llegar después de las dos caídas en el recorrido, Zaca, Lolo-Ironman y Arancha.

Se va acercando la hora, los 4 que vamos a ir juntos ponemos rumbo a la salida, nos juntamos en el mismo cajón y a esperar. La estrategia: Obejtivo 3h30′. Víctor “el rápido” nos marca hasta el km 10 y luego tira, y desde ahí Carlos, Víctor y yo intentamos mantener el ritmo.

Solo minutos antes empiezo a tener nervios, la primera vez. Mando un whatsapp a Lidia que ha estado pendiente y dando ánimos continuamente “Ahora sí que estoy nervioso. 5′ ” Guardo el móvil, ha llegado el momento.

Empezamos y llega el Km 1, no puedo evitar recordar el post del Blogmaldito https://blogmaldito.com/2017/03/01/el-km-1-de-la-maraton/  se lo comento a Víctor, me entra un escalofrío.

Empezamos a perder a Carlos y Víctor (el rápido :D), de vez en cuando miro para atrás, me cuesta verles y a veces les pierdo. Los kilómetros van cayendo según lo que tenía en mente, rondando los 4:50.

No recuerdo muy bien el kilómetro, pero sí que era antes del 10, que nos encontramos un túnel. POR FAVOR, una carrera con túneles NO ES LLANA, los odio.

Sobre el Km 8 nos pillan Carlos y Víctor, pero él una vez llegado el 10 según el plan tira. Es increíble verle correr.

Los 3 hacemos grupo y vamos aguantando el ritmo, pero pasados unos kilómetros veo que Carlos se va quedando y me hace señas que tiremos, no se ve fino y prefiere ir a su ritmo, así que nos quedamos de nuevo solos Víctor y yo.

Por el camino nos vamos encontrando en diferentes puntos con Luis y Rocío que nos animan a muerte, mil gracias por los ánimos.

Pasamos la media muy bien, siguiendo bastante bien las previsiones, 1h43’35” aprox. siempre bebiendo en todos los puestos y respetando las tomas de las gominolas y las sales.

Llegando al Km 28 Víctor me comenta que tiene que parar y que tire, que luego intentará pillarme. Normalmente a estas alturas ya será difícil.

Yo me encuentro bien subo un punto el ritmo, sé que aún queda demasiado, más de 12km pero aquí es donde veo que si que puedo bajar de 3h30′.

Los kilómetros van cayendo a ritmos más rápidos que antes y las sensaciones siguen siendo buenas. Entramos a la plaza de España y el cambio del suelo la verdad es que no lo llevo bien, pero como no es mucho ni está muy mal se pasa bien.

Van llegando el 37, las sensaciones siguen como al principio, no he notado ni bajón ni nada. Entramos en el centro de la ciudad, mucha gente, muy bonito pero correr entre los raíles del tranvía a mi se me hace un poco peligroso, cualquier despieste te puede hacer meter el pie en el hueco que hay y llevarte un susto.

Se va acercando el final, si no ocurre una catástrofe bajaré de 3h30′ algo impensable, ni lo había soñado.

Poco antes de llegar al 40 hay un repecho que no me cuesta pero si que pone las piernas en aviso. Por suerte en el puente está Angel animando, gran persona, y que hace levantar el ánimo a todos y da la fuerza necesaria para los 2 últimos kilómetros.

Cruzo el puente, no queda casi nada aunque las piernas empiezan a estar “tensas”, quería apretar pero prefiero esperar a más adelante. Llega el 41, ya si que si, se me empiezan a pasar mil cosas por la cabeza, 16 años después vuelvo a conseguirlo, sin querer casi aunque la preparación que he hecho bien lo merecía. Desde aquí a meta son constantes pensamientos, intento acelerar pero la pierna ya me da un aviso serio, creo que es más el hecho de saber que llego a realmente estar mal.

La entrada al estadio es especial, en 2002 entraba con unos dolores en la rodilla tremendos, aguantando como pude los 5 últimos kilómetros, mientras que ahora entraba genial, como hacía muchos años, desde Berlín, que no acaba corriendo.

Esta cara tan “extraña” resume mucho de lo vivido ese último kilómetro, emoción, ganas de llorar, rabia, subidón, todo junto

3h25’17” algo impensable, inesperado, emocionante y sobre todo algo que ha vuelto a hacerme creer en mí, en que a pesar de los años, a pesar de los kilos, a pesar del cansancio, si quiero aún puedo hacer cosas interesantes.

Cayó la número 26, 16 años después, 20 maratones después, hago mi segunda mejor marca.

                                                                  

No quería volver a Sevilla y al final la volví a conquistar, solo es cuestión de creer que puedes.

 

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